Cuentos de piratas. (sábado, 24 de marzo de 2012 / 8:06)
A pesar de no saber nadar, tomó la determinación de zambullirse en aquellos mares de letras, y supo que sería capaz de resistir aquellas gigantes olas que le sobrevinieran cada vez que pasara una página. Sintió el viento azotarle en la cara; olió la sal que colmaba cada gota de agua que le salpicaba; sonrió al empuñar su sencillo, pero siempre mortal puñal, luchando contra hombres valientes, curtidos por las salvajes y caprichosas olas de los océanos que eran ya sus hogares.
Pero cerró el libro de pronto, para descansar tras haber leído unas pocas páginas, pues siempre se mareaba en los barcos.